Los seres humanos están impulsando la transformación de las tierras secas en desiertos en una escala sin precedentes en todo el mundo, con serias consecuencias. Pero existen soluciones.

A medida que las temperaturas globales aumentan y la población humana se expande, una mayor parte del planeta es vulnerable a la desertificación, la degradación permanente de la tierra que antes era cultivable.

Si bien las interpretaciones del término desertificación varían, la preocupación se centra en la degradación de la tierra causada por el hombre en áreas con lluvias escasas o variables conocidas como tierras secas: tierras áridas, semiáridas y subhúmedas. Estas tierras secas representan más del 40% de la superficie terrestre del mundo.

Si bien la degradación de la tierra ha ocurrido a lo largo de la historia, el ritmo se ha acelerado, alcanzando entre 30 y 35 veces la tasa histórica, según las Naciones Unidas. Esta degradación tiende a ser impulsada por una serie de factores, que incluyen la urbanización, la minería, la agricultura y la ganadería. En el transcurso de estas actividades, se eliminan los árboles y otra vegetación, loas pezuñas de los animales golpean la tierra y los cultivos agotan los nutrientes del suelo. El cambio climático también desempeña un papel importante, ya que incrementa el riesgo de sequía.

Todo esto contribuye a la erosión del suelo y a la incapacidad de la tierra para retener el agua o regenerar las plantas. Alrededor de 2.000 millones de personas viven en las tierras secas que son vulnerables a la desertificación, lo que podría desplazar a unos 50 millones de personas para el 2030.

FUENTE: NATGEO